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Las startups y el reequilibrio al servicio de la «estabilidad»

Este artículo fue traducido automáticamente del japonés por una IA (Claude). Puede contener errores. Leer el artículo original en japonés.

Hoy el mundo parece haber entrado en una fase de reequilibrio (rebalance), en la que se ve obligado a «rehacer» su orden.

En medio de ese reequilibrio, últimamente pienso que contribuir a una nueva estabilidad podría convertirse en sí mismo en un mercado de mediano y largo plazo, y que quizá haya espacio para que iniciativas nuevas, como las startups, participen en ese proceso. (No estoy diciendo que todas las startups deban ser así).

Por ejemplo, en otros países aumenta de forma visible el número de startups relacionadas con la seguridad tradicional y con otras formas de seguridad (seguridad económica, ciberseguridad, infraestructuras críticas, etc.).

Y no es de extrañar, porque donde hay cambio surge incertidumbre, y aprovechar esa incertidumbre es lo que hacen las startups.

Hasta ahora, el tema principal era la incertidumbre en las fronteras del crecimiento económico. Pero hoy la propia «estabilidad» social, que era la premisa y la base del crecimiento, se está tambaleando, y me parece que el centro de la incertidumbre se está desplazando también hacia el rediseño de la estabilidad, y no hacia el crecimiento.

Puede parecer que «estabilidad» y «startup» son opuestas. Es cierto que lo que ofrecen las startups no es exactamente una tranquilidad «de corto plazo» para el «individuo». Lo que digo aquí es la estabilidad de la «sociedad» a «mediano y largo plazo».

Quiero resumir de forma sencilla (aunque abstracta) lo que pienso sobre este reequilibrio hacia la estabilidad.

Década de 2010: «startup = crecimiento», sobre una base de estabilidad

Si miramos un poco atrás, desde el fin de la Guerra Fría en diciembre de 1989 el mundo ha intensificado su actividad económica en las fronteras de lo global, el capital y lo digital (véase Hirano, El rumbo de la gestión empresarial).

Por supuesto, en ese tiempo hubo crisis financieras, conflictos y desigualdades, y no todo fue calma. Aun así, en conjunto se mantuvo un modo en el que la actividad económica se expandía sobre ciertas reglas y una interdependencia, y en ese sentido creo que operaba una «estabilidad que servía de base al crecimiento».

El auge de las startups de software en la década de 2010 puede entenderse, en cierto sentido, como un fenómeno surgido de la superposición del crecimiento de esos tres mercados. Fue un intento de ampliar la frontera digital mediante el poder del capital.

Un mundo conectado globalmente, con capital disponible y con un software que genera velocidad e interés compuesto. En esa visión del mundo, el «crecimiento» mismo debía de resultar fácil de plantear como tema.

Sin embargo, desde la pandemia de 2020, con la superposición de varios choques, como la invasión rusa de Ucrania, las distorsiones de la sociedad que se escondían tras esa estabilidad afloraron de golpe.

Ejemplos de esas distorsiones son las deformaciones internas de cada país generadas por la orientación global, una interdependencia que pasaba por alto los riesgos políticos de cada país, y la expansión y la fragmentación del espacio informativo. Ahora que han quedado expuestos diversos problemas, parece que la «estabilidad que servía de base al crecimiento» y que se daba en la década de 2010 se ha vuelto difícil de mantener tal como estaba.

Con esa base tambaleándose, también se está tambaleando la base estable sobre la que hacer negocios. Cuando aumenta la incertidumbre, sube el costo del capital y la inversión se vuelve más cautelosa. Cuando las cadenas de suministro se desordenan, se sacuden los precios y las premisas de la vida cotidiana, y se acumula el descontento. Cuando cae la confianza en el espacio informativo, también se distorsiona la toma de decisiones democrática. Cuando los países tienen que prestar atención a su seguridad, la economía pasa a un segundo plano. Todas esas nuevas incertidumbres están surgiendo ahora mismo.

Pero esa nueva incertidumbre genera a la vez negocios. Creo que eso es lo que está detrás del auge actual de la tecnología de defensa y otros ámbitos.

En ese sentido, creo que hoy hemos entrado en una fase en la que hay que rehacer el orden que sostenía el crecimiento.

Estabilidad y reequilibrio: no una base sólida, sino un equilibrio dinámico

La estabilidad que sentimos tambalearse hoy no es una sola, sino que abarca al menos las tres capas siguientes.

  • Estabilidad del orden internacional (estabilidad entre Estados): disuasión, alianzas, esferas económicas, reglas, sanciones, hegemonía tecnológica, etc.
  • Estabilidad del Estado y de la región (base de la vida y de la industria): infraestructuras críticas, energía, alimentos, cadenas de suministro, ciberseguridad, respuesta a desastres, etc.
  • Estabilidad de la sociedad (espacio informativo y confianza): fragmentación, desinformación, guerra cognitiva, plataformas, deterioro de la formación de consensos, etc.

Y en cuanto a qué es la estabilidad, quizá imaginemos algo con una base sólida, pero la estabilidad que quiero que imaginen aquí es «un estado en equilibrio».

Piensen en una carrera de obstáculos en la que se camina como un equilibrista sobre una barra de equilibrio, sosteniendo una vara larga con ambas manos.

Avanzamos manteniendo el equilibrio. Probablemente la estabilidad de la sociedad se parezca menos a tener una base sólida que a caminar manteniendo el equilibrio por un pasillo estrecho como este, es decir, a seguir sosteniendo un equilibrio dinámico.

Y en esa cuerda floja perdemos el equilibrio con frecuencia. Cuando intentamos recuperarlo, el cuerpo suele oscilar con fuerza.

Del mismo modo, el orden también oscila con fuerza mientras intenta equilibrarse, y creo que la situación actual del mundo es un período de «reequilibrio» para pasar de la estabilidad (el orden) existente a una estabilidad distinta.

Por así decirlo, puede decirse que los movimientos del lado de las fronteras, como lo global, el capital y lo digital, que estaban en la punta de uno de los extremos de la vara, se hicieron demasiado grandes, y como resultado se perdió el equilibrio con el otro lado, el mundo existente, y la situación se volvió inestable y vacilante.

Solo se enriquecen quienes participan en el mercado global, las finanzas y lo digital, mientras los demás quedan rezagados, y la difusión de información y la generación de incentivos por medios digitales contribuyen a producir fragmentación política. Nuestra sociedad está perdiendo el equilibrio a causa de los efectos colaterales del desarrollo de la frontera, y eso es lo que aparece hoy como diversos síntomas en distintos países.

(El aceleracionismo sostendría que, al apuntar al extremo de esa inestabilidad, hay un nuevo tipo de estabilidad).

En ese sentido, la incertidumbre a la que se enfrentaban las startups era antes la incertidumbre del crecimiento en la frontera. Hoy se está convirtiendo en la incertidumbre de recuperar esa estabilidad. Si lo ordenamos así, cabe pensar que lo que las startups japonesas deben perseguir también tiene que ir cambiando poco a poco.

La estabilidad que antes era una premisa ha pasado a ser algo que hay que mantener de forma consciente, y alguien tiene que pagar el costo. Ya no basta con optimizar según las reglas del mercado: hay que pensar también en rediseñar las reglas hacia una nueva estabilidad y un nuevo orden. Hay que volver a fortalecer las infraestructuras físicas, como la electricidad y el agua, que son la premisa para que funcione el software, y cosas por el estilo.

El reequilibrio como agenda: la estabilidad no es neutral en valores

Algo que conviene tener presente es que la estabilidad no es neutral en valores. El rediseño de la estabilidad y del orden siempre produce ganadores y perdedores. Cambia el lugar donde recae la carga, y a veces se tambalea la estructura de intereses establecidos hasta ahora.

Por eso, en un período de reequilibrio se reconfiguran la distribución y las relaciones: qué es valioso, qué se prioriza, de qué se depende, qué se mantiene por cuenta propia, qué se confía a las alianzas y al mercado, y qué se establece como institución.

En clave optimista, según cómo se haga esta reconfiguración, también es posible acercarse a una forma algo más deseable y justa a escala mundial que la de la época en que existía el equilibrio anterior.

Por el contrario, si el reequilibrio deriva hacia una conclusión más cerrada, aumentará el enfrentamiento entre Estados y entre ciudadanos. En esas circunstancias, la actividad económica también se estancará.

Creo que vivimos una época en la que tenemos que pensar cómo contribuir en ese período de reequilibrio.

Los problemas cambian según la visión: no situar el ideal en el «pasado»

Un problema es la brecha entre lo que debería ser (el ideal) y la realidad actual.

La clave para plantear un problema es en qué «nueva era» se sitúa ese «deber ser». Según la visión de futuro que dibujemos, cambian también los problemas que abordamos.

Cuando se habla de estabilidad y de orden, es fácil que se tienda hacia «los buenos viejos tiempos» o hacia «la fijación de los mecanismos existentes». Pero el reequilibrio hacia un nuevo orden no debería ser detener el cambio, e intentar volver al pasado es como remontar un río a contracorriente.

Más bien se parecerá a volver a elegir una dirección mejor sin perder de vista esas corrientes: qué proteger, qué soltar, dónde crear nuevas dependencias, dónde abrir y dónde cerrar. Ahí entran los juicios de valor, y también la política.

Pero ahí también surge el cambio. Los actores que se encargan de diseñar ese cambio no son solo el Estado ni solo las grandes empresas. Más bien hacen falta soluciones concretas que se vayan acumulando desde el terreno, y creo que son esos ensayos y errores los que irán empujando el contorno del orden. Pienso que ahí las startups pueden desempeñar un papel de varias maneras.

Muchas visiones y las startups: hacia la exploración de un nuevo orden

Para concebir el futuro hace falta mucha exploración y mucho ensayo y error. Harán falta muchas propuestas.

Creo que propuestas nuevas y audaces, como las de las startups, son una de las piezas de ese esfuerzo.

Si hoy estamos en un período de reequilibrio en el que ese diseño se reescribe por completo, y si ahí surgen oportunidades de negocio, ojalá cuantas más personas posible vean este cambio como una oportunidad y lo conecten con iniciativas que den forma a la próxima estabilidad y al próximo orden.

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